Yo era más feliz cuando corría. Me gustaba correr, y aunque no lo hacía siempre que podía, por pereza, por cansancio, o por esa manía que tenemos de posponerlo casi todo, cuando corría era feliz.
Ahora ya no puedo correr, y seguramente nunca podré hacerlo como antes. En mi lista de "Cosas que me propuse y no hice" tendré que apuntar la media maratón, la maratón y los 101 kms. de Ronda. Y la verdad, es una putada para mí. He buscado sustitutos, primero, porque tengo que recuperar esa rodilla que me operé hace casi 5 meses; y segundo, porque "algo" hay que hacer, por salud.
Pero si soy sincera, ni el pilates ni la natación me hacen sentir lo que sentía cuando corría. Esa sensación de libertad, corriendo junto al mar es irreemplazable. Liberaba todo mi estrés, y en días iguales a éste, en los que la rabia me consume, era mi válvula de escape. Apretaba fuerte los dientes, arrancaba y corría hasta el agotamiento.
Hoy he conocido la noticia de que mi abuela, mi abuelita, no va a volver a andar. Su cuerpo se ha quedado medio muerto después de varios ictus, y sus piernas ya no obedecen órdenes. Y eso sí que es una putada. He sentido mucha rabia y una profunda tristeza que no puedo expresar. Y hubiera necesitado correr.
Escribo todo ésto no para lamentarme, sino para desahogarme y aflojar un poco este nudo que me oprime. Y para recordarme a mí misma, una vez más, que no vale posponer las cosas: hay que hacerlas en ese momento en que tu vocecilla interior te dice que las hagas. Porque un día te encuentras que ya no vas a poder hacer aquello que adoras (o aquello que incluso detestas).
Que pasan cosas, que el tiempo pasa... que la vida es HOY.
No hay comentarios:
Publicar un comentario