No sé si estaréis de acuerdo conmigo,
pero las tardes de domingo son difíciles de llevar.
Más aún que las mañanas de los lunes.
Las tardes de domingo son una trampa insensible
que súbitamente atrapa la mente y te sacude,
te martillea, te desgarra y te acongoja.
El sosiego desaparece y de golpe
te encuentras sumergida en la espiral de "echar de menos".
Gente que ya no está, o que nunca estuvo.
Tiempos pasados o que jamás tuvieron lugar.
Sueños cumplidos, sueños rotos...
Otros pasados, distintos presentes...
Añorar, desear, renunciar, maldecir.
Respirar, ahogarse... volver a tomar aire,
inspirar, suspirar, expirar.
Las tardes de domingo, espejismos maquiavélicos,
horas eternas, horas efímeras, horas perdidas...
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